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Pocos nombres puede haber tan ilustres en el mundo de los videojuegos como el de Konami. La compañía japonesa fundada en 1969, aunque no fue hasta unos cuántos años más adelante que no entrarían en la industria virtual, ha sido clave en el desarrollo de lo que hoy conocemos como videojuegos. Durante muchos años estuvieron en lo más alto, pudiendo mirar de tú a tú a otras grandes desarrolladoras. Pero el tiempo pasa, y después de reinventarse a medio camino, parece ser que la llama de la empresa ubicada en Tokio se apaga de manera progresiva. No han dado con la tecla en la presente generación. Pero es algo que no viene de nuevo.
“La industria japonesa está acabada”. Con estas palabras, Keiji Inafune –padre de Megaman- lamentaba la situación de la producción oriental en el mundo de los videojuegos. El contexto, el Tokyo Game Show de 2009. Dejando a un lado los matices de una declaración tremendista como esta, lo cierto es que occidente ha ganado la partida, al menos comercial, a Japón a la hora de desarrollar productos para las masas. No en vano, la actual generación se considera como la de los shooters en primera persona. Un género no demasiado querido en el país del sol naciente. Inafune, que está defendiendo el desarrollo de Dead Rising 2 de parte Blue Castle Games, seguramente no pensaba en Nintendo cuando lamentó la situación de la industria japonesa. Lo hizo en términos generales, pero Konami podría ser el ejemplo concreto de las palabras del creador de Capcom.
Inafune, escéptico con la industria japonesa No fue hasta 1978 que la compañía fundada por Kagemasa Kozuki sacó a la venta su primera recreativa. Desde esa enorme inversión en forma de millones de yenes para presentar proyectos, iniciados ellos con Block Game, el primer juego exportado a los Estados Unidos, hasta el nuevo Castlevania, proyecto conjunto con los españoles Mercury Steam, han pasado más de tres décadas. 32 años en los que se ha estado en lo más alto, se ha estancado, se ha renovado, ha vuelto a subir y vuelve, casi sin frenos, a bajar. Konami es la viva imagen del Japón que Inafune ha retratado en los últimos meses con continuas declaraciones.
Scramble, el primer bombazo Cuando una empresa que ha conseguido crear obras del calibre de Scramble, Gradius, Frogger, Castlevania o Contra tiene como sus últimos productos en la calle a Saw: the videogame o haya retrasado hasta septiembre en Europa a N3-II después de los palos que han caído desde la prensa americana, queda claro que algo no funciona. Tal vez la falta de criterio, la autocomplacencia en según qué casos o las ganas de ganar dinero fácil. O todo un poco, pueden ser los motivos por los cuáles el nombre de Konami no esté entre los más destacados de la presente generación. A pesar de estar entre las cuatro compañías más poderosas de todo Japón.
N3II, retrasado en Europa por las malas críticas
¿Cómo llega Konami hasta el punto actual? ¿Dónde pierde el tren de la industria de los videojuegos? ¿Cómo ha sido este camino de final, por el momento, claramente descendente? Nos disponemos a repasar los motivos del éxito de la compañía japonesa hace treinta años, como se adaptaron a cada generación y como, ya en su momento, tuvieron que dar más de un golpe de timón para no perder la estela de la competencia. Una simple lista marcando los primeros éxitos de la compañía junto a la lista de futuros juegos que hay preparados en los próximos meses serviría para escenificar, desgraciadamente, lo que es la caída de Konami. Neo Contra tuvo un discreto recibimiento, con notas que a duras penas llegaban al notable raspado. Con Castlevania pasaba exactamente lo mismo. Curse of Darkness fue otro intento fallido. Y un movimiento de devaluación más de la saga. En Gamecube, su participación se centró en juegos deportivos de medio pelo, algunos musicales y el remake de Metal Gear Solid, mientras que en Xbox tuvo presencia con juegos también aparecidos en Playstation 2 (secuela de Metal Gear Solid, Silent Hill, Pro Evolution Soccer, etc.) aunque en menor cantidad.
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